Los Siervos de Jesús y Esclavos de María tuvo su inspiración fundacional en la Solemnidad del Corpus Christi, el jueves 14 de junio de 1990, cuando el Hno. Francisco María de la O Alatorre recibió la Sagrada Comunión de manos del Santo Padre Juan Pablo II en la Basílica de San Juan de Letrán en la Ciudad de Roma, Italia, y además, a través del encuentro con Beata Madre Teresa de Calcuta en la casa de las Misioneras de la Caridad, junto al templo de San Gregorio, a quien le hizo saber el deseo que ardía en su corazón: entregarse a Dios. Beata Madre Teresa le aconsejó “Solo asegúrate que sea entre los más pobres, sabiendo que pobre es todo aquél que sienta en su vida la falta de amor”.
Ya en la Cd. de Guadalajara, Jalisco, el Excmo. Sr. Obispo Don Antonio Sahagún López, Vicario de la Vida Religiosa y Director Espiritual del Hno. Francisco de la O, autorizó que el Hermano, junto con los hermanos Alejandro Orozco Medina y José Manuel Moreno Urenda, a que vivieran en comunidad haciendo la experiencia de vida consagrada. Así alquilaron, a un bajo precio, una casa semiabandonada en el centro de esta ciudad, dando así inicio en el mes de febrero de 1991 la fundación física.
El 24 de Enero de 1997, el Emmo. Sr. Cardenal Don Juan Sandoval Íñiguez, Arzobispo de la Arquidiócesis de Guadalajara, erigió canónicamente a esta comunidad Siervos de Jesús y Esclavos de María, como una Asociación Pública de Fieles con el fin de llegar a ser un Instituto de Hermanos Religiosos, y Hermanos Religiosos Sacerdotes de Derecho Diocesano.
El Carisma, la Espiritualidad y la Misión apostólica de los miembros de esta familia Siervos de Jesús y Esclavos de María es:
CARISMA: Buscar tener en nosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús. (Fil 2,5)
Los Siervos de Jesús y Esclavos de María hemos de tener como norma este Carisma, forma suprema de toda nuestra vida tal y como se propone en la Escritura y que hemos de buscar vivir desde un impulso del Espíritu Santo a través de nuestro testimonio de vida a ejemplo e imitación de nuestro Señor Jesucristo.
El identificarnos con Jesucristo, viviendo sus sentimientos, nos llevará a ser para los demás hombres de aceptación, perdón, bondad, generosidad, donde Él sea, en su amor, quien se dé a través de nosotros, frágiles instrumentos.
El anhelo de buscar tener los mismos sentimientos de Jesús es un deseo que el mismo Espíritu Santo ha puesto en el corazón de cada hermano y bajo su acción ha de revivir la experiencia del profeta “Me has seducido, Señor, y me dejé seducir” (Jr 20,7).
ESPIRITUALIDAD: El cual, siendo de condición divina, no hizo alarde de su categoría de Dios, sino que se despojó de sí mismo, tomando la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres, y se humilló a sí mismo, siendo obediente hasta la muerte y una muerte de cruz, sin hacer caso de lo vergonzoso de esa clase de muerte. (Fil 2, 6-8).
A través del anonadamiento de nuestra persona, por la acción del Espíritu Santo, identificarnos con Jesucristo en la perfecta adhesión con la voluntad del Padre.
La Espiritualidad es una escuela de formación continua donde debemos lograr, a través de la negación propia sugerida por nuestro Señor Jesucristo (Cfr. Mc. 8,34), el dominio de nosotros mismos y descubrir la verdadera voluntad del Padre que, a través de un discernimiento espiritual bien fundamentado, la llevemos a realizar.
MISIÓN APOSTÓLICA: Nuestra misión consiste en: entregarnos al servicio de amor y, de forma oblativa y gratuita, a Cristo en el hermano más necesitado, de acuerdo a los signos de los tiempos y lo que en concreto Dios nos pide realizar, basándose en la Palabra de Dios.
Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme. (Mt 25, 35-36).